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Leer playas para pescar IV: Accidentes geográficos

1 julio, 2010

En la entrega de hoy sobre lectura de playas para la pesca vamos a hablar de localizar accidentes geográficos y peculiaridades; rocas, escalones, bancos de arena, espigones, etc.

Rocas Sumergidas y Semisumergidas.

Bajo mi punto de vista, pescar en una playa que en algún tramo contenga rocas, es de lo mejor que nos puede pasar. Vamos a ver por qué.

Si estamos pescando en una playa y vemos que en alguna zona al pasar la ola por encima se crea un espumerío no hay duda, debajo hay una buena roca o rocas sumergidas. Es una buena noticia, porque estas zonas son paso obligado de peces de buen tamaño que habitan la zona por todas las posibilidades que esta les ofrece: cangrejos, musgos, erizos de mar, lapas, algas, agujeros en la roca para cobijarse, quisquillas y demás invertebrados y un largo etcétera de ventajas.

El Sargo, es un espárido que necesita tener la roca cerca para sobrevivir, sobre todo si ya es adulto y ha alcanzado un tamaño considerable ya que su alimentación consistirá, entre otras cosas, en gambas y conchas igual que la Dorada. El congrio y la morena son habitantes inconfundibles de las estructuras rocosas, cuando pesquemos alguna de estas especies es indicio evidente de que hay un buen roquedo en ese paraje. Oblada, Pargo y Mero, son también  inquilinos de estos lares. La lubina aprovechará el espumerio que forma una roca sumergida para acechar a su presa, sobre todo en invierno. No olvidemos que entre el roquedo podemos encontrar también pulpos cuyo principal alimento es el cangrejo.

Para estos lugares utilizar “pelos” duros que aguanten el roce de la roca y anzuelos de buen tamaño para encarnar gamba, sardina, navaja y demás cebos grandes y duros.

Aguas movidas y bien oxigenadas, comederos, refugio para la minitalla y guarida para depredadores; las rocas bajo el agua pueden convertirse en el mejor aliado para una gran jornada de pesca.

Ramblas, Riachuelos y bajantes de aguas.

En la cuenca mediterránea, sobre todo Almería, Murcia y Alicante, son muy frecuentes estos accidentes. Barrancos que se forman en el interior a causa de las riadas y que se transforman en ramblas cuando llegan al mar. Suelen ser cauces secos, pero que tras lluvias torrenciales arrastran al mar grandes cantidades de tierra, lodos y sedimentos, y con ellos insectos, larvas, detritus…etc. En algunas ocasiones estos riachuelos permanecen unidos al mar durante algunas semanas o incluso meses. En estas ocasiones, si la profundidad del cauce lo permite, bancos de “peces pasto” se aventurarán en estas aguas salobres buscando tranquilidad para incluso desovar allí. Es frecuente ver pasar entre estos canales a lisas que ramonean estos suelos fangosos y no es menos frecuente que las acompañe alguna lubina de tamaño parecido que espera su oportunidad.

Para sacar el mejor partido a estos parajes, lo mejor es esperar que llegue la estación de lluvias. Después de llover, nos aseguraremos de que la rambla ha conectado con el mar. Dejaremos pasar unos 3 días para que todo el fango arrastrado se asiente en el suelo marino y se clareen las aguas. Es importante, porque la pesca es impracticable justo después de las lluvias por dos motivos: primero por la gran cantidad de ramas y cañas que arrastra la corriente y sería imposible que el sedal no se enganchase produciendo gran cantidad de líos; y segundo porque el agua toma un color marrón tierra en el cual los peces no pueden estar por la dificultad que tiene para respirar y huirán del lugar, para volver cuando las aguas se hayan clareado y oxigenado dando buena cuenta de los nutrientes que se han posado en el suelo.

Una situación que puede darse cuando estemos pescando en las bocanas de ramblas y riachuelos es que solo obtengamos capturas de pequeño tamaño. Ante esto podemos sacar la siguiente idea: en el lugar en el que estamos colocando nuestro cebo está claro que hay un cardumen de pequeñas herreras, palometas, mújoles… alimentándose. Si este cardumen es acechado por depredadores como anjovas o palometones no entrarán directamente al centro para provocar una “espantada” sino que se mantendrán a una distancia prudente para no ser descubiertos, aprovechando el despiste de algún pequeño pez que se aleje lo suficiente del grupo para darle caza. En este caso colocaremos nuestros cebos; carnadas voluminosas como sardina, caballa…; fuera del radio de la morralla, tentando a los depredadores que anden por los alrededores.

Escalón.

Uno de los sitios que más sorpresas puede darnos. El escalón se forma por la acción de la ola al romper, según como sea la ola de violenta y la corriente, el escalón puede ser más grande o más pequeño; pero lo cierto es que tras la acción vertical de la ola y la acción horizontal de la deriva lateral, en el escalón, es donde se va a acumular todo lo que la corriente va arrastrando. Es, a priori, el lugar más “rico” de la playa en nutrientes y sedimentos; y donde va a alimentarse  la morralla.

No son pocas las capturas que se han dado a medio metro de la orilla cuando estamos recogiendo para cambiar los cebos, sobre todo por la noche. Los pescadores con señuelos artificiales saben bien esto, hay veces que la Lubina viene siguiendo el cebo curiosamente y no se decide a atacarlo hasta que casi se sale del agua. En la oscuridad los peces más recelosos se atreven a llegar a pocos centímetros de profundidad; de hecho, predadores como la lubina patrullan el escalón paralelamente a la orilla. Sin duda el escalón es más efectivo de noche que durante el día.

Bancos de arena, canales y piscinas.

Cualquier paseo por la playa para contemplar el paisaje puede ser productivo desde el punto de vista de la pesca. Os explico porque: podemos ir andando, viendo cómo llega y rompe la ola en la orilla. Dependiendo de las características de la playa, normalmente, lo suele hacer siempre igual y con los mismos intervalos de tiempo, incluso con la misma intensidad. Podemos decir que ese romper de la ola lo hace de una manera monótona. Ahora bien si observamos que hay algún tramo de la orilla donde no rompe la ola con la misma monotonía que en el resto de playa, entonces es que hay “algo” en el lecho marino que está frenando la ola. Si vamos siguiendo la ola desde que nace hasta que rompe en la orilla, y observamos que en la superficie llega un momento en que aparece espuma considerable y se revuelven un tanto las aguas, no hay duda de que en ese lugar hay  roca sumergida.

Al contrario, si vamos siguiendo con la vista la onda y vemos que llega a un tramo en donde se detiene, desaparece la ola; para de nuevo aparecer más adelante entonces estamos ante un banco de arena. Por ese motivo la ola no llega a la playa (si el banco de arena está muy cerca de la orilla) o lo hace muy levemente, porque en ese tramo disminuye la profundidad.

Estos bancos de arena se suelen dar con más frecuencia en bahías y  playas donde hay un buen desnivel entre la arena seca (donde no llega el agua) y la orilla donde rompe la ola. A la hora de pescar intentaremos colocar nuestro cebo al pie del banco, no en la cima.

Si resulta que estamos en una playa donde localizamos varios bancos de arena, sin lugar a dudas buscaremos los canales que hay entre los bancos. Ya que es por dichos canales por donde transitan los peces que se desplazan por la playa. Encontrar varios bancos en una playa nos condiciona a la hora de tener éxito, ya que no será lo mismo hacer un lance “sin criterio” el cual puede ir a parar encima de un banco por donde no pasan los peces; o hacer el lance a un canal donde las posibilidades de captura aumentan. Tal vez, unos pocos metros de distancia sean la clave entre un buen día de pesca o un marcharte a casa con las manos vacías.

Observando el mar podemos encontrar otro fenómeno: si vamos observando una ola en cuya cresta lleva espuma y en un momento determinado la espuma que corona dicha ola desaparece, para luego volver a aparecer, es síntoma de que en esa transición hay más profundidad. A esto lo llamamos piscina o poza, y son lugares muy aptos para la pesca. Actúan como despensas donde se acumula mucho alimento, los peces no dudan en entrar en ellas y se hace necesario “colar” nuestros cebos en ellas.

Para finalizar añado lo siguiente: las playas, suelen mantener su configuración una temporada, un año; hasta que llega la época de los temporales. En ese momento los bancos de arena desaparecen tapando canales y pozas. Pero aunque esto ocurra, hay que tener bien localizados estos accidentes marinos, ya que de un año para otro suelen formarse prácticamente en los mismos sitios de una manera casi exacta. Como no, los peces lo saben, y acudirán año tras año a estos lugares para alimentarse.

Espigones y salientes rocosos.

Buenísimos lugares para practicar nuestra afición por dos motivos fundamentalmente. Lo primero es porque se gana metros al mar y en sus puntas suele haber profundidades considerables y segundo por ser un lugar de roca donde se resguarda la minitalla (que se alimenta del musgo y de las algas que cubren las rocas) y viven gran cantidad de cangrejos, erizos, pepinos de mar… creando así un ecosistema donde pueden ser pescadas la totalidad de las especies que están al alcance de nuestras cañas. Incluso hay grandes depredadores como palometones, llampugas o barracudas que solo es posible su capturas desde estos espigones.