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Leer playas para pescar V: Corrientes, vientos y mareas

2 agosto, 2010

Seguimos con esta quinta entrega intentando explicar cómo poder leer las playas para intentar mejorar nuestra técnica pesquera. En esta ocasión os hablaremos sobre corrientes, vientos y mareas.

Cada zona costera tiene sus propias corrientes locales. Es muy provechoso conocerlas y estudiar como afectan a nuestra zona de pesca. Las corrientes están originadas por diferencias térmicas o de salinidad. Desde la  misma playa son fácilmente reconocibles: cuando observemos que en el mar hay como un “canal” de agua que varía de color: del azul normal de la playa a un azul más claro, hay tenemos una corriente que atraviesa esa zona. No está de más probar fortuna en las corrientes, ya que algunos pescadores piensan que son utilizadas por los peces a modo de “autopista”.

Aunque en el mediterráneo las mareas son prácticamente inapreciables, eso no significa que a los peces no les afecten. En general, se piensa que la marea en subida es un factor favorable (se recomienda pescar cerca de la orilla) y que cuando baja se reduce la posibilidad de hacer alguna captura. Si este dato nos interesa y al llegar a la playa no sabemos cual ha sido el horario de subida o de bajada, conocerlo es tan fácil como mirar hasta que punto hay arena mojada; si no la hay es que aún no ha subido la marea o por el contrario está en su culmen; y si la hay la pleamar a pasado y sabremos cuantos metros ha subido el agua.

Una de las mayores incomodidades para el pescador es el viento. Es cierto, pero tengamos en cuenta que con fuertes vientos, aguas movidas y espumeríos las picadas de grandes ejemplares como Sargos no se hacen esperar. No tengo muy claro el porqué, pero lo cierto es que el tiempo revuelto excita más a los peces que se muestran más frenéticos a la hora de comer.

Para conocer horarios de mareas y vientos hay una buena cantidad de webs y de revistas especializadas sobre pesca que pueden ayudarnos. Yo recomiendo su consulta.

Cuantas veces entramos a la playa a bañarnos y a la hora de salir nos damos cuenta de que la corriente nos ha desplazado unos metros hacia derecha o izquierda. Pues esto es la deriva lateral, una corriente.

Todas las playas tienen deriva, algunas son más pronunciadas y en otras más débiles. Tengamos en cuenta que cualquier corriente costera propia de la zona puede anular o potenciar la deriva. Para saber hacia adonde va la deriva es tan fácil como colocar una boya o flotante en nuestro aparejo y ver hacia adonde se dirige.

Es una información valiosa; imaginemos por ejemplo que estamos pescando y la deriva va hacia la derecha. Y justo a nuestra derecha, a unos 50 metros, apreciamos rocas en la superficie. Evidentemente todos las partículas, nutrientes y animalillos que arrastra la deriva serán frenados por las rocas, acumulándose allí una buena despensa. Yo sin duda, me acercaría más a esas rocas.

Si lugar a dudas, cuando más nos afecta la deriva es cuando pescamos con boya o buldó. Si tenemos en cuenta que a varias especies entre ellas la lubina, les gusta nadar y cazar a contracorriente; y si sospechamos que hay alguna zona en la playa susceptible de éxito, lanzaremos la boya en contra de la corriente para que ésta la arrastre y nuestra presa se encuentre con la carnada de cara.

Tiempo, temperatura del agua, Condiciones Atmosféricas, Lluvia.

La temperatura del agua es una condición de vital importancia en esto de la pesca. Dependiendo de la temperatura los peces entran en freza, aparecen en la playa más o menos medusas, los peces rondan la superficie o se quedan el las profundidades, deciden que les apetece comer ese día y así se dirigen hacia un lado u otro.

En invierno y en verano los peces suelen estar más retirados de nuestras playas, por varios motivos. A más profundidad encuentran mejor temperatura: en invierno en la orilla hace frío y en verano demasiado calor; otro motivo son los bañistas y las actividades recreativas que se realizan cerca de la orilla. En principio en invierno las mejores horas para la pesca serían las que mayor calor hace; en cambio en verano las mejores horas serán durante la noche, que es cuando más refresca y no hay bañistas.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que en invierno los peces entran en un periodo de inactividad, con lo cual casi no tienen desgastes y tienen menos necesidad de alimentarse. Dos meses idóneos para la pesca suelen ser septiembre y octubre, con el cambio de estación se va pasando del calor al frío y por estas fechas aún podemos encontrar la totalidad de las especies a nuestro alcance.

Otro factor de importancia es la presión atmosférica. Las bajadas de presión traen mal tiempo, lluvias y temporales de viento y frío. Aunque a priori no lo parezca, esto son buenas noticias. Estos temporales remueven el fondo marino descubriendo conchas y gusanos, oxigenan las aguas, limpian rocas y en general cambian la fisonomía de las playas. Es después de que esto ocurra cuando tendremos una gran oportunidad para la pesca.

También puede ocurrirnos que estando en el puesto de pesca se cierre el cielo, sople viento y comience a llover. En la medida de lo posible, es recomendable aguantar al pie de las cañas ya que los peces muestran más actividad con estas bajadas de presión que en circunstancias normales, sobre todo en zonas de roca.

Noche y día, tablas solunares, la Luna.

Es evidente que la pesca de noche es más incómoda que de día. Fundamentalmente por la falta de luz y, en invierno, el “factor frío” suele ser determinante a la hora de plantearse una salida nocturna. Pero mi “humilde opinión” es que no hay duda: la pesca de noche es mejor.

La experiencia y rasgos generales me hacen pensar así: los peces suelen ser más recelosos de día que de noche y por ello se acercarán más a la orilla durante la noche.

Durante el día hay que pescar “más fino” para engañarlos. Cametas más cortas, hilos invisibles y de pequeño diámetro, anzuelos pequeños, cebos blandos…etc. El modo de pescar puede variar mucho del día a la noche, cambiando por completo aparejos, plomos y cebos. Todo depende también del modo de pesca que practiquemos y de las especies que busquemos. Pero si lo que realmente queremos es sacar un buen ejemplar que supere el kilo, tendremos más posibilidades si calamos el cebo de noche.

Otro motivo es el siguiente: moluscos y crustáceos salen de sus escondites durante la noche para posarse en la arena y alimentarse del detritus que esta contiene. Por este motivo, grandes espáridos como la Dorada o el Sargo, capaces de triturar conchas, rondan más la noche que el día. Por este motivo la noche nos permite utilizar aparejos más largos, y cebos más duros y voluminosos.

Los pescadores tradicionales siempre han recomendado buscar Luna nueva y luna llena como un factor influyente a la hora de tentar la suerte. Podemos consultar el estado de la luna en cantidad de páginas webs que nos orientarán a la hora de escoger el día más idóneo para practicar nuestra afición.